Noche de máscaras: una novela en el corazón de la corte

Personajes disfrazados celebran carnaval madrileño del siglo XIX frente a carruaje y la Puerta de Alcalá.
Mesón de Don Carnal de m. m. v. está sujeto a una licencia CC BY 2.0.

Escribir Noche de máscaras fue, en un primer momento, un intento de plasmar en palabras cierta idea de lujo, poder, intriga y ambición en un siglo puente en la Historia de España, tal es el XVIII, y luego se convirtió en una búsqueda de documentación a pie, por las calles de la villa y corte de Madrid, por sus escritos y por la bibliografía de literatura e Historia de esa época.

Personajes: la monarquía y el pueblo

Es fascinante recorrer hoy el casco antiguo de la capital de España, leyendo el nombre de sus calles, y, con suerte, las fachadas con el rótulo de literatos, gobernantes o artistas más relevantes que vivieron, nacieron o murieron tras sus puertas y ventanas, al otro lado de rejas oxidadas o pintadas, también detrás de escalinatas, columnas o patios de luces malolientes entre 1700 y 1800.

Resulta conmovedor observar el cielo azul, límpido, resplandeciente sobre la ciudad, pensando que fue el firmamento que contemplaron también los abuelos de nuestros abuelos, en realidad los antecesores de nuestros pasos por esta villa tan diminuta entonces y hoy tan inmensa, extendiéndose año tras año hacia la sierra de Guadarrama y hacia La Mancha.

Pasear por el parque de El Retiro, en realidad por los jardines del palacio real del Buen Retiro, siempre, en invierno y verano rebosante de turistas y de familias locales, de parejas, de comerciantes, de ancianos y niños de personas solitarias, de vecinos antiguos de la villa y de recién llegados, transforma la luz del sol en brillo sobre las copas de los árboles, en resplandor sobre el agua del estanque donde las gaviotas se posan.

Cambia esa luz en un serpenteante y largo camino hacia el pasado de otros paseantes, y nos lleva a trescientos años atrás, contemplando el paseo de los vecinos pudientes de Madrid y su corte de servidores.

Internarse por los macizos de flores y de pinos, entre caminos de arena y de hierba, solitarios, sombreados, silentes, me retrotrae al momento de tres siglos antes, con las princesas, los príncipes de la corte real española y sus jóvenes amigos de la aristocracia criticando y alabando, comentando sus juegos mientras los adultos parodian con disimulo las manías de los reyes Felipe V, el primer rey español de la casa de Borbón y de su esposa Isabel de Farnesio. 

Puedo escuchar, si aguzo el oído, el roce de faldas de las damas sobre la tierra seca, el crujir de las botas de los generales, almirantes y ministros acompañando a condesas y marquesas, en una conversación plagada de indirectas, de miradas, de anhelos, de críticas a todo bicho viviente, incluidos los miembros de la Iglesia Católica, la monarquía y el pueblo llano

Costumbres y sentimientos

Me sumergí en el siglo XVIII, porque me pareció una centuria olvidada en la trastienda de la Historia. Sin embargo, fue un momento de inflexión para el Imperio Español, hacia la decadencia, pues se pierden en él territorios de Flandes, se perderá Gibraltar, se perderá Orán en África, se perderá en parte ese río de plata que fluía desde América, donde se empieza a alentar una necesidad de libertad e independencia.

Revolví, entre museos y libros, decenas de atuendos de caballeros y damas: uniformes y joyas, menús de banquetes, salas de palacio… e imaginé el bullicio de los mercados de la villa en 1737, la fecha en la que transcurre Noche de máscaras, exactamente en febrero de ese año, durante el martes de Carnaval, cuando el mundo muestra el fervor en las iglesias o el trajín en la gran cocina palaciega, preparando la cena de Carnaval para cientos de aristócratas, sin despreciar la violencia que transcurre a la vez en otros puntos de la ciudad.

Pasiones

Supuse, por otra parte, que los sentimientos de amor, protección, poder, sentido del deber, envidia, celos, odio, rabia, ansia de libertad, soberbia… serían los mismos que ahora poseemos, porque la esencia humana es la misma.

Cierto que los siglos posteriores, el XIX y el XX, también el XXI, han dado la vuelta a la técnica, a la justicia, a la consideración de las personas, a la teocracia, a la vida de las mujeres, desde luego, pero quiero entender que también al amor en pareja, a los hijos, a tus semejantes, a tu país. 

Mi predilección por el heroísmo del pueblo, por sus hombres y mujeres que vivieron antes que nosotros en una villa, la madrileña, cercada, sucia, resplandeciente de sol, con la población concentrada y laboriosa, no esconde la fuerza de otros protagonistas de alto rango salen a escena en la novela: cardenales, nobles, militares, administradores y miembros de la familia real.

El rey

La familia de Felipe V subyuga por la abundancia y variedad de sus miembros. Este soberano francés, nieto de Luis XIV, hubo de dirigir una cruenta guerra civil al filo del nuevo siglo para imponerse, tras batallas como Marbella o Almansa, sobre su rival Carlos De Anjou, en el trono español, que había dicho adiós al último monarca de la casa de Austria a Carlos II. unos años antes,

Felipe V no pudo ser diagnosticado con criterios médicos actuales, pero evidentemente sufría de dolencias mentales: tal vez trastorno bipolar, tal vez hipocondría, tal vez manía persecutoria, o una mezcla de todas ellas. 

Tuvo cuatro hijos con su primera mujer, María Luisa de Saboya, pero solo sobrevivieron dos: Luis y Fernando. Muerta ésta, se casó con la aristócrata italiana Isabel de Farnesio, con la que tuvo varios hijos, sobreviviendo siete; He querido dedicar al menos tres capítulos a estos infantes. Uno al heredero, Fernando, y dos al resto de sus hermanos y hermanas. Todos fueron muy importantes, arreglándose sus bodas con príncipes y princesas de otras casas reales europeas

La medicación que se administraba al monarca, más basada en sangrías y brebajes que en descanso o rutinas de sueño y vigilia, apenas controlaba sus consideradas extravagancias: hacerse el muerto, vivir solo de noche, no lavarse ni asearse, hacer el amor con su esposa cada día y confesarse inmediatamente después, creerse rana, etcétera.

Felipe V fue un hombre longevo, enfermo, educado en la corte francesa, huérfano, obsesionado por el pecado, que quería gobernar un Imperio extranjero, que no dominaba la lengua en la que tenía que expresarse, al que no le gustaban las fiestas populares, ni las comidas españolas, ni las corridas de toros, ni las procesiones, ni la navegación ni la discusión.

Fue un monarca que no entendió la rebelión de los primeros colonos al otro lado del mar, pero que poseyó una gran fuerza de voluntad cuando no se encontraba mal.

Impuso desde su más extrema juventud el criterio francés en la administración española, la centralizó, la ordenó. Fundó compañías nacionales que alentaron la industria, premió el esfuerzo, amó el arte y la literatura, y adoró a su familia, aunque se vio arrastrado a querer más a su segunda esposa y a los hijos que tuvo con ella que a los que tuvo con María Luisa.

El pueblo de Madrid

Los hombres y mujeres humildes que aparecen en Noche de máscaras son comerciantes, alfareros, soldados, sirvientas, profesores, funcionarios de la corte, villanos… son vecinos y vecinas de La Villa, que luchan cada día por sobrevivir, que aman a sus cónyuges o han dejado de hacerlo, que obedecen sin otro remedio a sus gobernantes, que aceptan su destino de súbditos.

Mundos opuestos

Queriendo mostrar la vida en las calles de la capital y la que transcurre en palacio, enfrento, muy sutilmente, el mundo de la riqueza, del poder, de la ambición desmedida, de la hipocresía, en suma, a la sencillez y sordidez, también, de las familias trabajadoras, de las sirvientas y vendedores de mercado, de los soldados y funcionarios mal pagados, de los desheredados de la fortuna. Las dos caras se refuerzan y necesitan. 

Corolario

Te invito a leer Noche de máscaras, una novela de múltiples protagonistas, en la que el banquete de Carnaval en el palacio del Buen Retiro de Madrid es un escaparate de intrigas, traiciones, ambiciones, amor y desamor.


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