La televisión, pequeña pantalla familiar que ofrece información

La televisión del siglo XX reunió familias frente al televisor compartiendo entretenimiento, risas y creando recuerdos inolvidables juntos.
Spaceship Earth-family watching TV” de Elizabeth está sujeto a una licencia CC BY 2.0.

La que se llamó pequeña pantalla es una ventana habitual de nuestra vivienda abierta al mundo, por donde entran noticias, documentales, películas, debates y espectáculos de todo tipo. Desde los años 60 es la mayor fuente de comunicación mundial a nivel de hogar. Ofrece entretenimiento y formación en imágenes, al tiempo que publicita marcas comerciales.

Simplemente, si naciste hace más de veinte años, mira si algo se despierta en tu mente con estas series policíacas, que seguramente viste alguna o muchas veces: Colombo, Bones, Hawaii 5.0, Closer, El mentalista o Los ángeles de Charlie.

Nace la televisión en los pasados años 50 en Estados Unidos, expandiéndose muy pronto por todo el mundo. Es gratuito su visionado en España, pero en muchos países hay que pagar una tasa por contratar ciertas cadenas. Acaba con todos los aburrimientos, al ofrecer constante información y espectáculos, pero también es cierto que vuelve pasivo al espectador que antiguamente leía, conversaba o trabajaba en silencio o se dejaba informar por la prensa, con artículos diversos y de opinión múltiple.

Es una máquina muy popular, a pesar de tener sus detractores, como tantos otros utensilios e ideas. Verdaderamente, se puede vivir sin televisión, por supuesto, incluso din verla las personas se sienten más libres, quizá más tranquilas, pues la visión de desgracias, guerras y crímenes que también ofrece, aturde al más pintado.

La radio y el cine se habían inventado cincuenta años antes, y la complementaron durante mucho tiempo, hasta que, a finales del siglo lo XX, la invención del ordenador y del teléfono móvil compitió absolutamente con la televisión. 

Las gacetas, antecedentes de los periódicos, se habían extendido ya en el siglo XVIII, esencialmente en las ciudades, y la prensa escrita fue la reina de las comunicaciones durante tres siglos, hasta prácticamente nuestros días, donde ha sido relegada a un papel secundario.

La radio fue clave en las guerras mundiales por sus partes diarios, también por los discursos de los gobernantes a través de sus ondas, y en las posguerras llenó el mundo de ideas, canciones, historias noveladas, concursos y relatos teatralizados, que también se ofrecen en la televisión actualmente.

Esa idea de sed de información sobre la actividad de otros pueblos, gentes y países iniciada por la radio ha modelado a las generaciones nacidas en la segunda mitad del siglo XX, bastante abandonada, sin embargo, por las generaciones nacidas en el siglo XXI, que prefieren la consulta del móvil, y las redes sociales como fuente de información y entretenimiento, dado que el cambio y la innovación son ansias tan humanas como el alimento y el movimiento.

La televisión moldea la educación sentimental y ciudadana de la población, calando lentamente en nuestro cerebro y corazón. Veamos algunos ejemplos.

Las vocaciones médicas se han incrementado en todo el mundo con series de médicos como Urgencias, Centro médico (la serie americana del Doctor Gannon),  House o The good doctor. Por el televisor también contemplamos series de canales privados de pago como El juego del calamar, The crown, o Miércoles, todas de arrollador éxito mundial. 

La televisión ha vuelto más sedentaria a la población, ciertamente, pero también ha ampliado las horas de actividad, pues muchos adultos, van cada noche a la cama cuando acaba el último programa televisión. Además, por mucho que se intente, no puede ofrecer todas las opiniones políticas y culturales sobre temas candentes, aunque es de esperar que se verifiquen claramente las noticias transmitidas por este medio.

Décadas de televisión

En los años sesenta solo ciertas familias pudientes, siempre en núcleos urbanos muy poblados, disponían de televisión en casa. El poder político vigente en España entonces, el franquismo, se había inventado el noticiario cinematográfico NODO para transmitir la ideología imperante entre la gente rural en especial, tan abandonada por las administraciones y los negocios, pero la introducción de la televisión empezó entonces a ser una correa de transmisión de la ideología fascista y una ventana al progreso también.

La retransmisión de premios de natalidad a familias muy numerosas y la difusión de noticias internacionales como la boda de los reyes de Bélgica, la elección del papa Pablo VI, el asesinato de John F. Kennedy o el festival de Eurovisión distraían maravillosamente de otras necesidades acuciantes internas como la falta de libertades. . Resultó especialmente impactante y maravillosa la retransmisión, en julio de 1969, de la llegada del primer hombre a la luna.

En los años setenta, el tardo franquismo imperante permitió cierta apertura de la publicidad, tan importante en la financiación del medio televisivo, aunque esta siguió teniendo un tono pacato y machista en todos sus anuncios. La lenta agonía del dictador Franco en el hospital, así como su velatorio multitudinario, mostró a los españoles en bandeja, a través de los telediarios, la miseria igualitaria de la condición humana en el sufrimiento y la muerte.

Noticias y tertulias, primeras tertulias, sobre extraterrestres y ovnis, muy comunes en esa década, en la que aparecen en las dos únicas cadenas televisivas del país, ambas públicas son constantes en los años setenta, donde destaca la serie V. sobre invasores de otros mundos.

Entramos en el decenio de los años 80 con una tentativa de golpe de Estado retransmitida en directo desde el Congreso de los Diputados, y la televisión pasa del blanco y negro al color, un salto increíble para captar la absoluta atención de todos los públicos. A veces alguien añora el blanco y negro, y es posible que los matices imaginativos sean muy peculiares en el bicolor, pero los televidentes, que crecían en esta época escogieron siempre el color como modo preferido de visionado. 

En aquellos años se empieza a alargar la emisión a las horas de la mañana y los informativos también se emiten en fin de semana. El espectador infantil comienza a ser considerado preferente tras años de un solo programa semanal destinado a la infancia y algunos minutos de dibujos animados el sábado por la tarde. A finales de la década empiezan a emitir distintas cadenas autonómicas y privadas, coincidiendo con el asentamiento de la democracia en nuestro país.

Presentadores o concursantes de televisión lanzaron frases, a lo largo de los años, que se volvieron virales como: «¿Cómo están ustedes?» (Los payasos de la tele), «Hasta luego, Lucas» (Chiquito de la Calzada en Genio y figura), «¡A jugar!» (Joaquín Prat en El precio justo), «¿Quién me pone la pierna encima?» (Jorge Berrocal en Gran Hermano 1), «Hasta luego, corazones» (Anne Igartiburu en Corazón), «No siento las piernas» (Pepe Navarro parodiando a Rambo en Esta noche cruzamos el Mississippi), «¡Que te calles, Karmele!» (Jesús Mariñas en Tómbola), «Un poquito de por favor» (Fernando Tejero como Emilio en Aquí no hay quien viva) o «Las empanadillas de Móstoles» (el dúo Martes y Trece en el especial de Nochevieja de TVE). 

En los años noventa la pluralidad de cadenas, el color, y la falta de censura política ofrecen espectáculos musicales el sábado noche, concursos culturales, series policíacas y de médicos, ciclos de cine español o americano, documentales y noticias locales, que interesan mucho a chicos y grandes. La totalidad de las cadenas compiten por dar antes y mejor la noticia de los constantes atentados terroristas de ETA y de ISIS.

A principios del siglo XXI se emiten multitud de programas infantiles, destacando las series de Los Simpson o Los Pitufos, así como las reposiciones de películas como Harry Potter, Regreso al Futuro, Matrix, Narnia, El señor de los anillos, etcétera. Los informativos duplican el número de corresponsales extranjeros, potenciándose el directo en las entrevistas e informaciones, así como la firma de los periodistas autores de los reportes.

Lentamente, en la segunda década de este siglo se ofrece suscripción a series privadas, que en muchos hogares sustituyen a las series o concursos de las cadenas televisivas convencionales.

Los bombardeos sobre Ucrania, Gaza e Irán se introducen en los hogares a través del televisor, sin anestesia, como lo fueron los de Iraq en su momento. La retransmisión de pruebas deportivas, con la cámara encima de los deportistas mejora de día en día, por ejemplo en Los Juegos Olímpicos o los mundiales de fútbol, pero también son de destacar las imágenes recientes de la visita del papa León XIV, los pavorosos incendios por toda la península Ibérica, los terremotos de Venezuela y Colombia, o la crisis migratoria de Ceuta. Los programas de investigación científica y policial compiten en todas las cadenas, habiéndose reducido la emisión de programas musicales. Destacan también los programas sobre turismo o vida rural, mezclados con especialidades culinarias.

Series

El espectador de televisión maduro recuerda programas en España como Un dos tres, responda otra vez; Había una vez un circo, Cifras y letras, La ruleta de la fortuna, La que se avecina o Aída.

Pero, por supuesto también Tu cara me suena, Españoles por el mundo o Masterchef, La Isla de las tentaciones, Un millón para el mejor, Santa Teresa, Historias de un pueblo, Aquí la tierra, Cuarto milenio, Pasapalabra, El hormiguero, Gran Hermano, Supervivientes, Estudio estadio, Juego de tronos, Los Serrano o Friends.

Son todos programas que llegan a nuestra conciencia, perlados de anuncios que también reconocemos con el primer tono musical con que empezaban, como «Yo soy aquel negrito» (Cola Cao), «Aceitunas La Española» (La Española), «La chispa de la vida» (Coca-Cola), «Si no hay Casera nos vamos» (La Casera), «Hola, soy Edu» (Airtel), etcétera.

La televisión pública de los primeros treinta años encumbró a cantantes y artistas como Concha Velasco, Lina Morgan, Raffaella Carrà, Martes y Trece, Lola Flores, Nino Bravo, Rafael, o Rocío Jurado, aún muy recordados por todo el territorio nacional.

Una característica fundamental de la televisión es su capacidad de convocatoria a gran escala, como es la emisión de alertas por: emergencia climatológica, la recepción de un equipo deportivo ganador en el aeropuerto, o la emisión del último debate de los distintos partidos políticos la noche preelectoral. 

La televisión aparece como dispositivo en la vida cotidiana de los personajes de mi novela El sol de diciembre, que encuentras en Amazon.


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