Oscar Wilde

 

El 30 de noviembre pasado se cumplieron 117 años de la muerte de Oscar Wilde, gran dramaturgo, poeta  y escritor en prosa. Nació en Dublín, cuna de insignes escritores reverenciados por el pueblo, en el tiempo en que Irlanda pertenecía al Reino Unido. Fue un brillante alumno, tanto del Trinity College de la universidad irlandesa primero, como de la universidad inglesa de Oxford después.

Estudió arte y literatura clásicas, de Grecia y Roma. Empezó a publicar libros muy joven. Nacido en una familia rica y tradicionalmente irlandesa, en su juventud buscó la belleza en cualquier obra de ingenio artístico y literario y así la plasmó en la suya propia. Fue un esteticista de gran fama social en sus artículos, en sus poemas y en su única novela: La importancia de llamarse Ernesto. Políticamente practicó un cierto anarquismo filosófico y gustó de llevar una vida hedonista y lujosa. Se casó, tuvo dos hijos y pudo publicar ampliamente, triunfando en la sociedad de su tiempo. Pero todo cambió cuando conoció a lord Alfred Douglas y mantuvo un romance con él.

Debido al derroche monetario que ambos practicaban, Wilde empezó a perder dinero y a la vez le denunció el padre de su amante por sospechar una relación fuera de la norma entre ambos. Tras la denuncia tuvo lugar un juicio, que revolucionó las costumbres moralistas de la época y alcanzó mucha repercusión, debido a la fama de Wilde. La sentencia se dictó de manera ejemplarizante y condenó, por el delito de sodomía, a dos años de trabajos forzados en la cárcel de Reading, Londres, al insigne autor.

Fruto del trauma que supuso la estancia en la misma, donde el frío, la escasa comida y el trabajo demoledor eran continuos, Oscar Wilde escribió De Profundis en 1895, un revulsivo libro donde el escritor busca la felicidad en la humilde vida cotidiana de presidio, en el recuerdo a su amigo, en tocar fondo socialmente.

Esta obra en prosa, escrita en primera persona, de unas doscientas páginas, describe la aceptación de la condena y el descenso a los infiernos de un vividor, que nunca antes había conocido la miseria, la soledad ni el desprecio de nadie. Wilde no se rebela en este libro, solo se dirige a su amante explicándole que el padre de éste le denunció por gastar entre ambos una considerable fortuna, y también porque condenaba la relación amorosa entre los dos.

La sociedad de finales del siglo XIX no podía aceptar una relación homosexual, al contrario, la encarcelación del famoso escritor desencadenó una represión sexual en toda Europa. Como consta en “De Profundis”, el autor pierde la patria potestad de sus hijos, habidos en su matrimonio e intenta encajar este gran dolor en la esperanza de recuperarla cuando salga de la cárcel, pero no la recuperará, lamentablemente. Es más, Oscar Wilde vivió solo unos pocos años tras su puesta en libertad, y ya no pudo volver a ser el famoso e influyente escritor de antaño. Murió en París, sumido en la indigencia, a los 45 años.

De profundis supone un antes y un después en la obra  y vida del autor. Antes amaba la naturaleza, la patria, la buena comida, la vida relajada, la fama, el ocio, el culto a las letras clásicas, la caricatura social desde su posición de influyente articulista y dramaturgo inteligente, fuera de lo común. Ahora, al pasar por la cárcel, el protagonista y autor ama al pueblo inglés, a las sufridas clases populares que trabajan de sol a sol y que pueden ser encarceladas por delitos comunes.

En este libro, escrito en presidio, junto con el poema La balada de la cárcel de Reading cuenta la desolación en la que vive a su antiguo compañero, aunque no se dirige a él como a un amante, lo que habría resultado aún más escandaloso para la gente de su tiempo. Wilde describe una relación, pero no se jacta de ella, al contrario, comprende que debe ser, que es una relación prohibida y poco conveniente. Se lamenta del dinero gastado y del tiempo dedicado a su amigo, dando la razón a la sociedad que le ha condenado, aceptando su castigo, defendiendo a la vez  el amor filial, la amistad, el patriotismo, e incluso el orden establecido en las costumbres.

La obra nos muestra gran dominio del lenguaje y exacerbada percepción de la belleza en la naturaleza y en las relaciones humanas.

Merece la pena leerlo.

Teresa Álvarez Olías


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