
En estos días de celebración de tantos eventos literarios podemos detenernos un instante para apreciar la influencia de la ficción escrita en nuestra existencia y comentar algunos aspectos de la misma.
Reflejo de la vida cotidiana
Tanto la novela como el relato breve muestran, en las descripciones y novelas de sus capítulos y páginas, las costumbres, lenguaje coloquial, incluso pensamientos que sus personajes utilizan para desarrollar una trama de espionaje, guerra, persecución policial, relación amorosa o historia real acontecida.
Los personajes principales y secundarios son héroes o heroínas a quienes no abandonamos mientras dure la lectura del libro, en una simbiosis entre escritor y lector que marca nuestro estado de ánimo y que mediatiza nuestros actos de alguna forma.
Rescate de personajes olvidados o relegados
Colectivos como las mujeres, los homosexuales, los discapacitados o los ancianos salen a escena gracias a la literatura de nuestros días para actualizar y renovar los argumentos en un sector, el literario, donde la competencia es enorme. Se convierten en modelo a estudiar estos colectivos de repente, cuando los autores narran sus historias haciéndoles intervenir de manera clara. En la variedad de temas y protagonistas todos ganamos: el escritor, el lector y el editor; también el agente, el librero y el publicista.
Divulgación de hechos históricos de forma novelada
La revolución, el frente de batalla, la boda real, el encuentro entre culturas distintas, el viaje, y tantos otros avatares de épocas remotas o no tan lejanas, por supuesto actuales, entran en nuestra mente de forma más suave que el estudio al leer literatura.
Leyendo novela histórica vivimos el pasado con todos los detalles, metiéndonos en la piel de los personajes pertenecientes a otro tiempo anterior, de los que aprendemos vocabulario, pero también posturas, ocurrencias y opiniones, y desde luego, vestuario, comida y costumbres que ya no son los nuestros.
Evasión de la rutina
Cuando leemos una novela o una historia breve nos transportamos al mundo que se muestra con diálogos o descripciones del autor y, por momentos, olvidamos nuestra realidad: que vamos en tren, que tenemos hambre, que nos espera una jornada de trabajo larga, etcétera.
Esa distracción nos beneficia, en cuanto aparca las preocupaciones y obsesiones y refresca nuestra mente para hacerle descansar. Incluso la lectura no solo nos evade de sinsabores, sino que puede ayudarnos a buscar una solución o un punto de optimismo nuevo en nuestra rutina diaria.
Comunicación entre culturas y países
El idioma español se habla en muchos países oficialmente y es segunda lengua extranjera estudiada en los centros de educación en otros cuantos. Por supuesto, cada nación y región aporta vocabulario y acento específico a la lengua común, lo que la enriquece sensiblemente. Pero además, la traducción a otros idiomas se hace cada vez más rápida y eficiente, lo que extiende al máximo el universo lector, también el de la crítica y el académico
Los escritores ignoramos por completo el recorrido de nuestra obra entre lectores. En una cadena natural, no planificada, se prestan y compran nuestros libros, además viven en la mente de los lectores las escenas que nosotros habíamos ideado, porque las obras de ficción cruzan océanos, pasan por varias manos en las bibliotecas, se guardan en un estante y los leen hijos y nietos, o se venden en grandes librerías para que un público heterogéneo los adquiera.
Los libros como regalo
El último premio literario, por ejemplo, es fácilmente objeto de regalo para nuestra pareja, para un amigo, para una persona cualquiera, pero también lo es un libro de relatos de amor o terror de otros siglos, o un conjunto de cuentos infantiles. Este hecho conlleva el peligro de que solo se regalen bestsellers, problema que señalan las librerías actualmente, pero, si conocemos a la persona a quien regalamos, podemos afinar un poco más e ir a los estantes más escondidos de los puestos de venta, donde nos aguardan joyas inexploradas. En cualquier caso, un libro es un regalo extraordinario.
Símbolo de progreso
Un lector o lectora asiduo es una persona con sentido crítico, con cierto bagaje cultural, con conciencia del mundo que le rodea. No será un científico célebre, quizás, no será presidente de su país, tal vez, pero es un ciudadano que piensa, que vota en las elecciones legislativas, que opina, que charla con sus vecinos, compañeros y familiares, que escucha las noticias en la radio, en la televisión, en las redes sociales también, y se hace una composición de lugar y genera una opinión.
La literatura camina siempre hacia adelante, hacia el progreso de la sociedad, abriendo puertas inéditas, ascendiendo a lugares y temas duros, olvidados, manidos o imaginativos, buscando la originalidad y plasmando la realidad.
Temas importantes para la población
Muchos asuntos vitales para nuestro día a día no son tema de conversación habitual, al menos a nivel profundo, como pueden ser el amor, el desamor, la pobreza continua, el ansia de dominación y abuso de los demás, la melancolía perpetua, la fantasía, la exaltación ante un paisaje o un momento emotivo, pero la literatura nos revela que las pasiones humanas son inherentes a nuestra existencia, y tan necesarias como la alimentación y el descanso. El sufrimiento tiene fin y nos ayuda a vivir, la alegría nos libera de preocupaciones, y el hecho de entrar en la historia de personajes con problemas ajenos estimula nuestro sentido de la solidaridad y de la empatía. Es un deber de los escritores sacar a relucirlos temas complicados, pero que preocupan a la población.
Literatura como impulso social
La política, la religión, las redes sociales, la ciencia, la moda en el vestir o la fuerza de un movimiento artístico confluyen en el comportamiento humano de manera sustancial, pero la literatura, con su facilidad para expandir la palabra escrita, modela, refleja un modo de vida que se aprende en la lectura en solitario.
Indico seguidamente algunos autores extraordinarios en las distintas clases de novela, animando al leer la obra completa de los mismos:
Novela romántica
Colleen Hoover con su obra Romper el círculo ofrece una visión del amor y la convivencia muy importante.
Novela histórica
Ken Follett con su obra Los pilares de la tierra muestra a millones de lectores las dificultades y progresos de la baja Edad Media.
Novela policiaca
Agatha Christie con su obra Diez negritos capta toda la atención del lector o lectora por adivinar quién es el asesino.
Novela de ciencia ficción
Isaac Asimov con su obra Los anillos de Saturno acuñó la idea de la ayuda de los robots en la conquista del universo.
Relatos de terror
Edgar Allan Poe con sus libros de relatos, tales como Los asesinatos de la calle Morgue o El gato negro triunfó entre los lectores del mundo entero dejándonos mudos de miedo.
Novela bélica
Paloma Sánchez-Garnica con su libro Últimos días en Berlín, finalista del Premio Planeta 2021, refleja el horror de los últimos estertores de la Segunda Guerra Mundial.
Libros de relatos y novelas de todos los tipos anteriores pueblan el universo de librerías y bibliotecas, el de los libros digitales también, para asombrarnos con sus historias, que nos conmueven e informan de las vidas de otras personas en diferentes tiempos y lugares.
La ficción literaria nos ayuda a ser más felices, a ser más compasivos con los demás, a expandir nuestra imaginación, incluso a combatir la tristeza, la soledad o el abatimiento.Puedes aparcar el aburrimiento o la pereza y entrar en la corte española del siglo XVIII con mi novela Noche de máscaras, que escribí para ti y encuentras en Amazon.
